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#98

 El destierro de un pueblo.

Vecinos del Volcán por Felipe Azúa

vecinos

 

“Vecinos del Volcán” es un documental de registro y seguimiento a los pobladores que fueron exiliados del pueblo de Chaitén luego de la erupción del volcán del mismo nombre. El prolífico director de documentales y reportajes Iván Tziboulka cuenta de primera fuente como nace su relación con el lugar en diversos viajes que ha realizado desde que llegó a Chile. Al momento de conocer por la prensa el estado de la gente que debía ser evacuada de su lugar de origen, el documentalista decide emprender el viaje para conocer de cerca estas historias.

Son diversos los personajes que Tziboulka entrevista poniendo su foco especialmente en el concepto de “familia”. El realizador y su equipo viajan constantemente entre Puerto Montt, Chiloé y Chaitén para encontrarse con los que partieron y los que quedan. Entre los que abandonaron el pueblo se encuentra por ejemplo una pareja de concejales que nos muestra su intimidad y la frustración que supone el no poder hacer nada por la gente que se negó a salir del lugar a pesar de las advertencias de las autoridades. Por otro lado un trabajador del sector público muestra a su familia como un ejemplo del trauma que provoca en los hijos el sentimiento de desarraigo. A partir de estos testimonios vamos enterándonos del drama que supone el ser desterrado de los orígenes, a pesar de contar con el apoyo del gobierno para un traslado, para hacerlo menos traumático, y de la existencia de un nuevo proyecto que pretendía reconstruir el pueblo a unos 15 kilómetros de su origen. Esta mirada que puede parecer un poco fría es la que surge incluso desde el mismo realizador, que todo el tiempo parece estarse preguntando el por qué alguien querría volver a un lugar que parece inhabitable.

Al volver cada cierto tiempo a los lugares el espectador es actualizado de la situación de los protagonistas que naturalmente se ha vuelto cada vez mas insostenible, a pesar de la rápida adaptación que tienen por ejemplo los jóvenes y niños en sus nuevas ciudades, son los adultos quienes deben mantener (y además quieren mantener) lazos emotivos y obligatorios con su comuna, es así como las familias comienzan a disgregarse, abundan los viajes de un integrante de la familia donde buena parte de los entrevistados solo ve a sus hijos un par de días al mes. Al cabo de 4 años de investigación y seguimiento vemos como el pueblo comienza a reactivarse y buena parte de los entrevistados regresa a Chaitén, pero ya no son los mismos, sus casas han desaparecido, sus familias se han quebrado y en el horizonte solo ven la superación material como un consuelo.

El documentalista opera con un plan de investigación tan infalible como pálido, la fórmula de regresar al lugar una vez por año para actualizarse en la vida de los personajes provoca una distancia entre el entrevistador y entrevistado que se asocia muchas veces al discurso televisivo y que en este caso se utiliza dentro de un contexto informativo, social y político. Basándose en la estructura clásica de un reportaje y el cine de denuncia. Tziboulka comienza el documental declarando sus intenciones y nos adentra en los personajes de manera paulatina respetando los límites de los 3 actos del manoseado paradigma. Es por esto que un comienzo la relación que genera la cámara (y el director) con los personajes se acerca a la entrevista etnográfica, donde se intenta develar a través del texto las emociones de los personajes, pero al ser un ente externo, que se introduce en un ambiente que parece ser desconocido para él, consume gran parte del metraje en las ventajas informativas del texto.

La puesta en escena que abarca desde las entrevistas, seguimientos y cine verdad donde el realizador camina junto a sus entrevistados o la cámara comienza a grabar desde el momento de bajar de un avión para continuar con los saludos de rigor de los lugareños, provoca en ciertos momentos una sospecha de la evidencia. Una muestra característica del tratamiento de Tziboulka es el hecho de continuar grabando cuando una entrevistada comienza a llorar mientras recorre las ruinas de su casa llena de cenizas y además donde el entrevistador se acerca a entregar un papel para que la mujer seque sus lágrimas.

Por otra parte, el montaje y la banda sonora comienza a guiar el relato hacia algunos juicios semi valóricos que si bien forman parte del punto de vista del realizador son difíciles de compartir sin argumentos o sin al menos la posibilidad de contradecirlos. Por ejemplo la banda sonora y el montaje (además de la propia voz en off) tienden a tomar partido sensible por el esfuerzo de las mujeres que reponen su vida desde lo material sacando adelante a sus hijos o alejándose de ellos para seguir trabajando en Chaitén, en la contraparte están los hombres que mantienen una mirada crítica sobre el destierro, sobre el regreso y a veces son minimizados por sus idealismo.

Por último, la relevancia socio-política de un documento como “Vecinos del Volcán” es de suma importancia a la hora de pensar desde donde se están escribiendo los documentales de registro, el cine de denuncia o el cine verdad en nuestro país. Al parecer “la película” que funcionará como documento de la catástrofe de Chaitén decide emplear un lenguaje televisivo y poco cercano que basa su discurso en la resiliencia de los pobladores. Si bien hace alusión sobre los problemas políticos que provocaron el destierro y posterior regreso de los ciudadanos, prefiere mantener silencio frente a los procesos políticos que implican este tipo de decisiones. Lo que para algunos puede ser destacable como una alentadora arenga humanista también puede ser visto como una mirada conformista, poco confrontacional y casi institucional donde las soluciones tardan en llegar, pero llegan, donde la fuerza característica de un pueblo (y de refilón se puede agregar de un país) es la que siempre se repondrá a las catástrofes y en este caso a la inoperancia e indecisión de la clase política.

Dirección: Iván Tziboulka

Guión: Iván Tziboulka, Ronnie Radonic

Producción: Pablo Rosenblatt

Fotografía: Sebastián Caro, Marcelo Ubilla

Sonido: Sebastián Navarro, Martin Cruz

Música: Manuel García

Edición: Alberto Oliva

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