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#94

Agua que lava la cara.

Carne de Perro por Felipe Azúa

carne perro

Hace ya 4 años Fernando Guzzoni estrenaba su documental “La Colorina(Fernando Guzzoni, Werner Giesen, 2008), un docuemento histórico sobre Stella Diaz Varín,  quizás la poetisa chilena punk por autonomasia. Un personaje enigamatico y cautivante que se muestra de manera cruda tanto por sus conocidos como por ella misma. En esa ocasión Guzzoni consigue transmitir a un personaje a través de un documental formal que sin tanto riesgo provoca las sensaciones necesarias para asimilar la fasinación que provoca en los realizadores este personaje.

Este año el director regresa con su primera película de ficción “Carne de Perro”. La historia revisa un momento en la vida de un ex militar que vive solo y ha comenzado a tener problemas de salud atribuibles a crisis de ansiedad. El contexto del personaje es una incógnita que mantiene la tensión en todo momento y solo con pequeños guiños podemos entender algo sobre su pasado y presente. El hombre intenta en todo momento de ocultar su personalidad violenta y poco tolerante, lo que de a poco lo lleva a un plot de guión que muestra su personalidad.

La fórmula que utiliza Guzzoni nuevamente se trata de un trabajo bastante formal con un delicado seguimiento de personaje que a esta altura parece una firma de fábrica mas que un tratamiento autoral. La construcción del personaje es un evento al que asistimos durante todo el filme, con repetición de acciones que no alcanzan a resignificarse cada vez que las vemos, quizás solo forman parte de una rutina o quizás solo son parte de un adormilamiento que el director pretende imponer en los espectadores.

En medio del letargo del personaje y su eterno deambular entre los intentos por recuperar a su familia, el personaje debe lidiar con su enfermedad y ahí es cuando el director comienza a utilizar tics que no permiten encontrarse de manera honesta con este personaje. El uso de acciones como simbolos provoca que el personaje vaya perdiendo humanidad de a poco hasta convertirse en un simbolo en si mismo. El hombre está ocupado intentando recuper su vida o intentando integrarse a una nueva, pero la película se centra en la repetición de escenas como él lavando sus manos, descansando en una piscina ó en la ducha, provocando una serie de elementos muy inequívocos, que no contienen segundas lecturas muy grandes y que además llevan a un desenlace en la misma linea.

En términos generales se trata de una película que permanece en un sitio muy cómodo para la subjetividad que intenta revelar, la historia de un ex militar (probablemente ex torturador) que necesita volver a significar su vida tanto de civil como de padre de familia y miembro de la sociedad. Sin duda es un valor situar un discurso de este tipo, pensando tan solo en subjetividades mas allá del tema en términos político-históricos, pero por desgracia el desarrollo dramático termina convirtiéndose en una gran estrategia de guión para siempre hacer referencia a algo y nunca quedarnos con la subjetividad misma del protagonista.

Dirección: Fernando Guzzoni

Producción: Adrian Solar, Jacques Bidou, Marianne Dumoulin

Fotografía: Bárbara Álvarez

Montaje: Javier Estévez

Sonido: Carlo Sánchez, Jean Guy Verán

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