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#90

 A pasos del Final

La Última Estación por Samuel Olivares

estacion

La película inicia con un tild-down que comienza en el forraje de un árbol, los que son una constante en el filme, y termina en tres abuelos que están sentados en medio de un jardín, separados entre sí, casi petrificados en sus posiciones. El lugar es un asilo de ancianos, el tiempo parece no avanzar, parece detenerse con ellos y su quietud.

Catalina Vergara y Cristian Soto co-dirigen este documental, que a través de los habitantes del hogar de ancianos nos lleva por un viaje, en donde la muerte se vuelve palpable, inevitable, pero el tiempo parece detenido, como si cada uno de estos ancianos intentase no acercarse a su momento de partir.

Ha llegado una nueva integrante al asilo, la hija despide a su madre, le promete volver a visitarla todos los sábados. La anciana está prácticamente ciega, a la distancia otras dos mujeres la miran, conversan, están preocupadas por ella. Durante la noche, antes de dormir, su preocupación aún persiste, es ésta nueva visitante la que guiará el hilo conductor de la narración. Sin embargo entorno a ella se desarrollan otras historias, y también estás compañeras tendrán otras conversaciones; que se enlazan con un propósito, revelar la conciencia angustiante que produce a ratos el saber que la muerte está pronta.

Sus compañeros que acompañan esta reflexión sobre la muerte y la soledad, son hombres que intentan mantenerse ocupados. El primero que vemos es un abuelo, que la mayor parte del tiempo habita en el jardín, ahí se ocupa de barrer las hojas. Su movilidad es reducida, para avanzar debe apoyarse en un “burrito” y para realizar su labor debe estar sentado, es una actividad que en su cometido muestra la paciencia y la inquietud por parte del hombre de mantenerse ocupado. Es en esta escena que el tiempo cobra una dimensión que nos transporta a la percepción del mismo que pueden poseer los habitantes de este lugar, este anciano, trabaja sin premura, aunque con perfeccionismo.

Otro anciano intenta compartir a través de la radio sus pensamientos, también es quien los mantiene informados, del día, la hora, lamentablemente también de los decesos, que parecen estar a la orden del día, es inevitable no percibir la sensación de que todos oyen la noticia de una defunción, pensando en su hora. Es este mismo personaje quien intenta ir más allá de este espacio a través de sonidos de la naturaleza busca compartir el mundo exterior con sus compañeros, un mar que choca contra las rocas, el viento que resopla, intenta llevar la naturaleza, que parece no estar tan lejos de su hogar, a sus oídos buscando en ese ejercicio despertar un viaje mental, hacia un mundo que se hace inexplorable e intransitable físicamente, ya sea por la condición de silla ruedas o ceguera de algunos.

Por último, otro anciano que acompaña nuestro tiempo dentro de este espacio, pasa revisando una vieja libreta telefónica, en donde día a día va tachando los contactos, los que ya no poseen ese número, tras verificarlo por medio de una llamado; como los fallecidos que va descubriendo revisando el obituario del diario.

Dentro de estas historias se articula un filme que intenta asentarse bajo una poética precisa y detallista, con una perfecta fotografía, que en la mayoría de sus planos posee una luz que nos traslada a un espacio pictórico tan preciosista (muy cercano a Caravaggio) que está casi al borde de la puesta en escena, y aunque esta puede ser claramente evidente en algunos pasajes del filme, sobre todo al final, no termina por hacer tanto ruido. Gran parte de estos pasajes se dejan pasar por alto principalmente porque durante el relato nos vemos enfrentados a momentos reveladores, como la escena en que el abuelo que recoge hojas es observado a través del alambrado por un niño que come su colación; el patio de un asilo contiguo al patio de un colegio, un niño, observa al viejo en su actuar, pero el hombre no se percata de esa mirada, nosotros a su vez vemos la escena, sabemos que el camino entre la niñez y la vejez es breve, tan exiguo que sin darnos cuenta ya podemos estar presos de la muerte, una imagen inquietante, y así como este hay otros momentos de una belleza sublime.

El desarrollo narrativo y de montaje son precisos, la observación de cada momento de cada uno de los personajes es bien logrado, traspasa sensaciones que están al borde de la crudeza, pero suavizadas por este tratamiento poético que cubre todo el filme. Así mismo la sensación que aflora durante la proyección es de una cierta angustia y desazón, un miedo que nos azota, y que quizás solo al final de la película se diluye, porque se entrapa en decisiones cuestionables, que involucran religión, misticismo, y hacen evidente lo que ya estaba implícito.

Dirección: Cristian Soto, Catalina Vergara

Dirección de Fotografía: Cristian Soto

Producción: Catalina Vergara

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