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#89

Un tiempo propio y particular

De Jueves a Domingo por Samuel Olivares

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Dominga Sotomayor nos presenta su opera prima que narra la historia de una familia que inicia un viaje de vacaciones al norte del país, madre y padre han decido separarse. La hija mayor Lucía, desde quien se aborda el punto de vista del relato, comienza a observar que algo extraño sucede entre sus padres, mientras que su hermano menor, Manuel, vive en su mundo infantil.

La película inicia con un largo plano al amanecer, Lucía y Manuel aún duermen, a través de la ventana, vemos como sus padres cargan el vehículo para iniciar su viaje, en esta misma escena se verbaliza cuál será el conflicto a desarrollarse en la historia, y aunque es un acto precipitado, aguarda en su revelación un dejo de atrevimiento no menor, que sitúa a la película más allá de lo narrativo, abriendo paso a la percepción sensorial de las situaciones que enfrentará Lucía en este viaje de desintegración familiar. En esta misma escena también se hacen evidentes los principios estéticos a los que se ceñirá el metraje, el marco recorta el cuadro, la ventana nos permite tener una percepción acotada y dada con precisión (por la directora) sobre un mundo particular.

Lucía es en algún grado un alter ego anacrónico de la directora, quien a través de este viaje rememora (en algún grado) sus días de infancia, infancia que parece pronto a su fin, en poco tiempo más Lucía ya pasará de niña a mujer. Su percepción ya es capaz de distinguir los problemas de los adultos, sus preocupaciones ya han comenzado a cambiar, por las noches le cuesta conciliar el sueño y se le ve más interesada en aprender a manejar que jugar con su hermano Manuel.

El viaje que inician todos deja entrever que, como todo viaje, algo después de éste cambiará. Aún así la película se centra de manera inteligente en el valor de las experiencias que vive Lucía junto a su familia, momentos como cantar dentro del auto, o jugar a adivinar lo que están pensando, van asentado al relato de manera lúdica y orgánica, dejando de lado el “drama” que podría conllevar la inminente separación de los padres, está dicho desde el comienzo, este es, al parecer, su último viaje como familia.

Sotomayor filma con pulcritud, cada plano denota un cuidado especial en su composición y la puesta en escena; dentro del cuadro siempre están ocurriendo situaciones tanto en el primer como en el segundo término, una profundidad de campo que sitúa la mirada desde el punto de vista de Lucía, sin embargo en varios pasajes la niña observa a su madre y la evidencia de que las cosas con su esposo no marchan bien es literal, lo que provoca ruido, hace palpable la narrativa de una forma poco acertada, que no se condice del todo con el resto de las escenas retratas, que por lo general logra un desarrollo en donde la naturalidad de las situaciones nos hace sentirnos como parte de la familia.

Otro aspecto que lleva a la confusión es lo difícil que es definir con certeza en qué tiempo ocurre la historia, el auto, los juguetes de los niños, sus ropas, sus disfraces, la música, parecen ser de un tiempo pasado, sin embargo hay un índice, existen los celulares y el correo electrónico, esta disyuntiva temporal confunde a ratos, pero también sitúa a la película en un tiempo propio y particular, una anacronía que en cierta forma nos permite pensar que quizás este es el “ayer” de la directora, sus memorias y experiencias, puestas en el “hoy” como un acto de reconstrucción consciente, pero no de añoranzas, en el cual se busca una singularidad de autor. Esta singularidad también se ve reforzada en otras decisiones estéticas (arte, vestuario, fotografía) que no terminan de cuajar del todo, y que quizás sobrecargan a la película con elementos innecesarios, en esa búsqueda de hacerla tan personal e intima.

De Jueves a Domingo es una película de incertidumbre, donde el cambio es inminente, la profundidad es visual, la emoción es contenida, el tiempo es el de la memoria, una revisión de un pasado, que por empatía, cercanía y simbolismo puede perfectamente ser el hoy, un relato evocador, filmado con mayor precisión que su escritura, en donde de alguna forma Sotomayor con honestidad revela parte de su propia historia.

Dirección y Guión: Dominga Sotomayor

Producción: Benjamín Domenech, Gregorio González

Direccion de Fotografía: Bárbara Álvarez

Sonido: Claudio Vargas, Roberto Espinoza

Montaje: Danielle Fillios, Catalina Marín

Reparto: Santi ahumada, Emiliano Freifeld, Francisco Pérez-Bannen, Paola Giannini 

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