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#75

En serio, pero ni tanto

Efectos Especiales por Felipe Azúa

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Campo, pobres, ricos, dictadura, amistad, lesbianismo, cine, arte, representación. Estos son algunos de los temas que Bernardo Quesney busca abordar en su segunda película Efectos Especiales, también son los temas que quiere abordar Bernardo Quesney en el cortometraje que intenta registrar durante la historia de esta película. Aunque esta sentencia puede parecer confusa se debe a que la película presenta un construcción de desdoblamiento entre la trama y el rodaje mismo.

La película nos advierte desde los créditos de inicio el carácter autorreflexivo e irónico cuando se agrega en los créditos información sobre el proceso de grabación, las excusas del montajista hacia el resultado y sus propios avisos económicos y amorosos hacia una tal Pamela. Luego la cinta comienza con una forzada escena de reencuentro entre dos antiguas amigas (Paola Lattus y Fernanda Toledo), la poca intención de sus actuaciones llega a un punto donde el director (Quesney) decide por cortar la toma y así – entrando en el campo de la ficción ya que Nico, el camarógrafo, no deja de grabar – se presenta como una aberración de la ficción que sitúa a la película en el complejo terreno de la autorreflexión, en un cine de ficción-making of.

El director es un joven principiante que se enreda en discusiones y peleas con las actrices para poder imponer su punto de vista que en realidad no tiene nada claro, por esto se ve obligado a improvisar llegando a limites poco claros y sin tener necesariamente un rumbo con su película sentenciando cosas como: “ohh Cannes, puros maricones…” ó “creís que estos son comerciales, no, esto es cine, esto es cine”. Así es como Quesney va colmando la paciencia de sus actrices, de su productor y también del invisible camarógrafo, haciendo que la película tome otro curso en su metraje final.

Las intenciones de Quesney son valiosas dentro de la pequeña y relativa industria del cine de nuestro país. Efectos Especiales entra a jugar en un terreno peligroso dentro de un ambiente copado de egos y sobre éxtasis por los méritos externos de las películas, es así como en forma irónica este joven director plantea una crítica a las fórmulas preconcebidas y a los temas que supuestamente generan interés en el espectador. El formato de comedia irónica le cae muy bien a este director y logra mezclar de manera directa el formato de la ficción y la autorreflexión, pero también se mueve al filo de la ceguera total, cuando utiliza las mismas técnicas que crítica para dotar al filme de un alma simbólica, me refiero particularmente al uso de la cámara que nunca corta y al uso de los intertítulos que separan la película en capítulos temáticos.

A ratos la película se entrampa en un eterno masticar de el mismo chicle, volviendo una y otra vez en la falta de visión y las malas técnicas de dirección de Bernardo y a los conflictos que genera la experiencia televisiva de Paola versus la poca experticia de su partner Fernanda. De a poco va perdiendo la frescura del director/actor y además la novedad de su desdoblamiento se estanca para entrar en un letargo y la parodia no soporta el tono crítico del comienzo terminando en un exceso de maneras por parte del joven personaje/director.

Aquí resulta extraño que no se haya adoptado un nuevo distanciamiento para volver a hablar sobre la interpretación pensando en ejemplos como Mitómana de José Luis Sepúlveda.

Hacia el final un nuevo aire es empujado por la ficción y hace de un cambio de director una oportunidad para un pequeño discurso sobre las diferencias de visión  sobre una misma historia y además vuelve a reflexionar sobre el cine nacional con evidentes referencias con el uso de voz en off que nos trasladan al cine de Cristián Sánchez o Raúl Ruiz, donde no sabemos cual es el dispositivo real en la escritura de una carta, si es que existe un receptor, si es que interactúa con la película o si la película interactúa con la voz en off.

Por otro lado se hace interesante la visión global de este director sobre la producción audiovisual y la “industria”, ya que esta es su segunda película realizada de manera artesanal, con una crítica seria a los sistemas de producción y la propia cinematografía nacional pero sin tomarse demasiado en serio a si mismo y sin caer en la formalidad de los procesos de distribución, es así como EE ha sido exhibida una función online por el sitio Disorder, también ha sido exhibida en la Cineteca de la Universidad de Chile, en una sala de teatro de manera esporádica, proyectó funciones en un espacio discoteca y ahora comienza un recorrido por festivales. Esta difusión artesanal (nuevamente) y poco convencional hace que el discurso de Quesney se complete y no quede encerrado en la parodia insulsa, sino más bien tome un rumbo hacia el cine que realmente puede ser catalogado de independiente.

Director: Bernardo Quesney

Cámara: Nicolás Durán

Producción: Paulo Orrego

Elenco: Bernardo Quesney, Paulo Orrego, Paola Lattus, Fernanda Toledo

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