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#65

ENTRAR AL AGUA

El Salvavidas por Felipe Azúa

el salvavidas

 

Mauricio es un salvavidas de la playa El Tabo, su imagen juvenil y despreocupada, con sus dreadlocks y el estilo de sus accesorios, contrasta con su seriedad en el trabajo. El joven lo realiza con esmero y mucha personalidad, llegando a ser una molestia para los bañistas del lugar. Otra arista muestra a Mauricio soportando cierta rivalidad con un compañero que está mejor evaluado por la comunidad de la playa pero al parecer no lo merece. Además un pequeño niño, que probablemente ve en Mauricio un héroe, se acerca a para aprender el oficio de salvavidas. Todo esto se articula en medio del verano con las rutinas y personajes que conlleva esta estación en el litoral central.

La narración está adecuada a un par de días, donde el salvavidas muestra su punto de vista sobre el trabajo, el tipo cree que el mejor salvavidas es quien previene. En la vereda contraria está la irresponsabilidad y la desidia de su “compañero/enemigo” quien cree que el mejor es quien más rescata. Si bien este conflicto puede parecer banal, es un excelente punto de partida para que el personaje se muestre con toda su humanidad y la contradicción que genera el relato es que al fin este salvavidas pasa el tiempo previniendo y nunca entra siquiera al agua. Todo se desencadena en un accidente que fuera de campo pone en contraste sus puntos de vista y al menos deja una inquietud en Mauricio. Importante es el uso del fuera de campo como narración, construyendo bastantes situaciones con el uso de miradas y textos que aluden al espacio fuera de la pantalla, sin ir mas lejos el mar es un elemento ausente durante casi todo el metraje.

La película de Maite Alberdi nos pone frente a esos casos particulares del cine chileno donde existe un propósito de enfrentar la realidad para ponerla en una pantalla. Ese propósito según mi entender se genera cuando la construcción narrativa está por sobre la historia misma y por sobre el tema y/o personaje. He aquí un hecho gracioso ya que una omisión voluntaria de mi parte es precisamente que la película se trata de un documental de personaje. Mauricio es un personaje real que accede a ser grabado durante su trabajo y se desenvuelve con total naturalidad. Pero ¿Por qué omitir esta relevante información? básicamente estoy emulando lo que la propia directora propone, poner en jaque la definición del género.

Si bien los experimentos de género son un tema ya recurrente en la historia del cine (y en ningún caso son un valor per se para cualquier película), El Salvavidas logra tomar un rumbo interesante. Se trata de una película construida por las situaciones que viven los personajes, guiando de manera sutil la narración y sus interacciones, todo a través del montaje. Es en la compaginación donde los personajes se vuelven tan humanos como pintorescos (dando además varias visiones de lo que es el humor y la idiosincracia del turista del sector) y graciosamente su cualidad humana no pasa por conocer su historia personal, como en el documental de personajes que se construye de manera clásica, El Salvavidas está articulado por su relación con el entorno y con el mundo que crea en un determinado tiempo y espacio la directora.

Destaca el trabajo de sonido y montaje, sin duda que son el más potente hilo conductor de la película. La conjugación de ambos logra meternos en una verdadera “rutina de playa”, concepto casi inimaginable para cualquiera de nosotros cuando somos turistas. Son poco importantes para el turista las relaciones que se generan en la rutina de una playa, la suerte de pequeña sociedad donde existen los dueños, jefes, guardias, etc. En este documental se logra articular esta comunidad ya que los propios turistas se transforman en personajes, se repiten a través de los días, entran en contacto con el salvavidas e incluso llegan a tener su propia opinión de él y además de esto, la cámara los observa comunmente desde una posición privilegiada sin que ellos adviertan su presencia o por lo menos logrando que no lo note el espectador.

Sin duda que la intervención y la ficción son temas que saltan a la vista con este documental, sobre todo por pequeños guiños nos hacen pensar en la manipulación de las situaciones, pero en realidad son poco relevantes cuando lo que se logra es parte de la “realidad” (de su propia realidad), ya que cualquier provocación es refutada por la propia reacción del protagonista. Además la incertidumbre que genera la posibilidad de la ficción no hace sino enriquecer el relato con el goce de lo “malévolo” que esto puede ser. Por último, me parece sincero (y hasta inocente) agregar una interrogante; más allá de los géneros y los formatos industriales, en el cine nacional ¿Sigue teniendo importancia la discusión sobre la articulación de un concepto de realidad?

Director: Maite Alberdi

Producción: Paola Castillo

Fotografía: Pablo Valdés

Edición: Alejandro Fernández

Sonido: Mario Puerto, Roberto Espinoza

Reparto: Mauricio Rodríguez, Jean Pierre Palacios, Lucas Acuña

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