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#30

El Pase Gol (Directo a la taquilla)

Ojos Rojos por Samuel Olivares

 

A pocos días del mundial de Sudáfrica, en el cual nuestro país participará, la efervescencia y el fanatismo por el fútbol se respiran en el aire. Todo está teñido de rojo, la moral está alta y hay grandes expectativas con respecto a lo que puede lograr nuestra selección. En este marco se estrenó Ojos Rojos, una película realizada por tres directores Juan Ignacio Sabatini, Juan Pablo Sallato e Ismael Larraín. Ha sido sin duda está situación la que ha propiciado que el filme hasta ahora (tres semanas después del estreno) se haya convertido en un éxito de taquilla superando los cien mil espectadores, sobrepasando una barrera que parecía infranqueable hasta ahora, siendo por lejos la película chilena (superando a ficciones y no ficciones) más vista de los últimos tres años.  

Está situación es difícil dejarla pasar por alto, pero a mis ojos la única explicación posible es la euforia que desata la próxima cita mundialista, ya que, en términos estrictamente fílmicos estamos lejos de encontrarnos frente a una película descollante.  

“Los seres humanos ganan de vez en cuando, muy de vez en cuando” Así parte el filme, esta frase debe ser la única presencia de Bielsa más palpable dentro del relato, si uno no conoce la voz del “Loco”  es imposible asociar las ideas que atraviesan la narración a la figura de él, su  presencia queda supeditada al conocimiento coyuntural que tenemos nosotros sobre él, pero para alguien ajeno a esta realidad la película se vuelve críptica y lejana, y en general es así con gran parte de los acontecimientos narrados.  

Ojos Rojos es una crónica de la clasificación de Chile al mundial, una película que funciona como un producto eficiente (comprobado con su gran taquilla) y muy ordenado en la articulación de su relato; con una estructura cronológica lineal. Sin embargo el filme posee un tono bastante reposado que a ratos bordea el sopor (situación que se agrava si el espectador no es fanático ni del fútbol ni de la “Roja”). Es más, inclusive para un futbolero empedernido tampoco resulta una cinta exultante, en la cual se pueda revivir, aunque sea en parte, la gloria y emoción de los grandes momentos de la pasada clasificación a Sudáfrica 2010. Este es sin duda uno de los puntos más débiles de la película, ya que, en gran medida el relato pretende reconstruir, retratar y traspasar más allá de la pantalla emociones tan viscerales como la euforia y la exaltación de los grandes hitos de ese recorrido.  

Otro aspecto débil de la narración es el carecer de un punto de vista, uno nunca sabe bien si todo esto se trata de armar un relato de un radioaficionado fanático de la selección o si se trata de entender la sociología del fútbol en Sudamérica o si es más pretenciosa aún e intenta  revelar los porqués de las pasiones que despierta este deporte en la sociedad, pero ni lo uno ni lo otro, simplemente de todo un poco. Los seis años de registro no son un mérito, sino que son un indicio, de tal vez la única fortaleza que rodea la confección del documental, porque en cierto grado ese largo camino nos revela, en parte, que los realizadores creyeron siempre fuertemente en el proyecto. De haberse quedado con las eliminatorias del 2006 la historia sería absolutamente distinta, ya que, sería el relato  de una depresión y el agónico fracaso de la selección por segunda vez consecutiva de cara a un mundial, sin duda una historia mucho menos “comercial” probablemente poco llamativa para el grueso de los espectadores interesados por el fútbol y la “roja”. Por eso Ojos Rojos al prolongar su registro en el tiempo pasó de ser una historia de caída y ascenso, de derrota y exaltación.     

Por último la sobreestilización, como mantenerse siempre encuadrando por los bordes, tomando espacios vacios o que no narran nada, magnificar el folley, son elementos  que pueden ser sus grandes audacias, pero que al ser tan manoseados se transforman en un elemento que debilita la película, que la hace demasiado fluctuante entre la épica de la cancha y la sociología del fútbol en Sudamérica, oscilante entre lo sagrado y lo profano. También se le puede reprochar la ausencia de un retrato más fino e íntimo de los jugadores y otros protagonistas relevantes en esta carrera a la gloria, en donde nunca sabemos bien quien es quien (para alguien extranjero o no aficionado la historia resultaría sumamente compleja de seguir).  

Es difícil entender que luego de un proceso de seguimiento tan extenso nos enfrentemos a un puñado de jugadores que tras  ochenta minutos de filme siguen siendo los mismos desconocidos que en el minuto uno. Adentrarse en el camarín de la selección y no rescatar más que un par de momentos sabrosos es claramente un despropósito. Además intentar articular reflexiones (y así quizá hacer más universal al filme) tratando de explicar los porqués de  la pasión por el fútbol y en segundo lugar (la que a mi parecer es la más interesante, pero está muy desaprovechada debido a que no profundizan en el personaje) desarrollar la historia de un radioaficionado de una radio comunitaria de Futrono, son aspectos que más que contribuir, terminan ensuciando la narración, transformándolo en un documental fluctuante y carente de emociones, sin ingredientes que hagan más sabrosa  esta “locura” por la selección y sus integrantes, es solo un recorrido por el tiempo que se corona de manera exitosa con la clasificación de Chile al mundial.       

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Un pensamiento en “Ojos Rojos

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