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#32

Empezar a hablar de hitos

La esmeralda 1879 por Felipe Azúa

 

El estreno de La Esmeralda 1879 se esperaba hace un tiempo, la gran producción prometida generó una expectativa sobre su capacidad de recrear un hecho histórico que incluso ya había sido realizada para televisión. Al parecer contar la historia militar medianamente reciente de nuestros “héroes” era una necesidad que mucha gente esperaba y convocó a la armada, a la parte pública y la empresa privada. Su capacidad de producción no es para nada un mal principio y sin duda marca un precedente de producción técnica, llevando el género épico a un nivel de presupuesto considerable para nuestra pequeña industria, pero inmediatamente surgen las preguntas de fondo, donde lo que importa no es la hazaña o la fórmula de producción de tal o cual artefacto histórico.

Antes de entrar en los ripios es bueno señalar aciertos de esta película en términos técnicos donde se supera rápidamente el miedo de los efectos especiales, la actuación, el maquillaje, o el arte histórico en general. La Esmeralda resuelve sin problemas cualquier complejo artificio y de verdad se convierte en una superproducción de efectos y escenarios. También se puede considerar su diseño sonoro bastante adecuado sobre todo en los bajocubierta, asi como las desiciones acertadas de fotografía que sin ser un elemento descollante resuelve de manera adecuada algunos problemas bastante dificiles sobre todo de exteriores. Pasando aquello quedamos ante una historia de hazañas que confluyen en un guión minucioso en lo histórico (eso suponemos por supuesto) pero carente de una intención dramática e irrelevante a la hora de ser trasladado a la imagen cinematográfica, donde lo rescatable podría ser el intento de rescatar de la caricatura del antagonista, en el caso de la historia oficial el General Peruano Grau, aún asi se esfuerza tanto en este punto que termina siendo reiterativo.

La historia contada en flashback del último sobreviviente de La Esmeralda, nos lleva por un recorrido a una corta jornada sobre el buque Esmeralda entre los días 20 y 21 de Mayo. Comienza de manera bastante escolar y luego nos damos cuenta que las explicaciones de contexto no pasaran por los personajes principales sino que a través de una cierta “objetividad” y así se convierte en un relato coral con el único hilo conductor de su cercanía geográfica dentro del buque nacional. Difícil no caer en entregar información sobre la historia que se desarrolla, al tener claro el desenlace nace la necesidad imperante de reconocer ciertas convenciones en su andar, buscamos (al menos yo) durante toda la película índices de dramatismos, reconocimiento, valores, etc., que permitan meternos en el género épico mas allá de la historia contada, que bien podríamos leer en un libro. Es aquí donde la figura de Prat no logra sentirse con un misticismo mayor que el del Capitán que recuerda a su familia y poco es lo que se relaciona con el personaje narrador. La desmitificación de los personajes es un elemento central de esta estrategia, el entregar una nueva versión de los caracteres, desde su humanidad y relación con el mundo es un movimiento manoseado pero aún efectivo, en La Esmeralda no reconocemos esto y cuando se comienza el relato de un sobreviviente esperamos que el desarrollo dramático se encuentre junto a él para retratar una idea fuerza, pero mas bien se queda en el relato histórico.

A considerar como importante es el trabajo de algunos actores poco reconocibles en el cine y la televisión nacional, así como el interprete de Prat (Jaime Omeñaca) que se mantiene bastante sobrio en su papel, como también el interprete de Uribe (Víctor Montero) y otros, que incluso en algunos episodios a través de su actuación intentan levantar el bote del dramatismo creando pequeños momentos antagónicos pero al no estar definidos por dirección no llegan a ningún lado. Lo mismo pasa con los pequeños momentos de intimidad y cotidianeidad que intentan salvar con una actuación poco épica. 

Por último el desarrollo del guión como parte de la historia termina por centrarse en una muestra casi didáctica de los personajes hasta que llegamos a la batalla misma que se resuelve bastante bien aunque con momentos agotadores. Así como vemos este es un primer paso de superproducciones que deben empezar a buscar sus caminos con propuestas concretas de dirección y guión para asentar el género épico en bases fuertes por sobre el presupuesto.

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