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#8

La Nueva Savia

Talento Nacional por Samuel Olivares

 

Talento Nacional nos traía quince cortos a la parrilla del festival, en especial está sección la venía siguiendo hace un tiempo y ya ubicada a gran parte de los realizaciones y muchos trabajos ostentaban cartel de súper producción. Segundo día en Sanfic y era la primera muestra de la nueva savia, que contaba con ocho cortometrajes que de corto no tenían mucho, ya que, todos bordeaban entre los 20 y 30 minutos y quizás más lo que torno la jornada en extenuante, en donde muchos trabajos tenían espíritu de largometraje. Lamentablemente de esos ocho trabajos nada que destaque para referirme en extenso, termina la función y decido volver al día siguiente para ver los siete restantes.

 

Para variar la función comenzaba tarde mis expectativas eran bajas, lo visto el primer día no daba para buenos augurios. Ya había logrado discernir que la selección se llevo a cabo en parte por una temática en común: La construcción del espacio y la memoria a través de la imagen fotográfica, lamentablemente los trabajos en torno a este tema parecían ser los más paupérrimos hasta que en la función del segundo día aparece tal como un oasis el cortometraje La (des)aparición de una familia de Paulina Godoy, un documental que narra la historia de una familia, que es la familia de la directora, que se ha negado a ser fotografiada o grabada, pero un día se graban así mismo con una filmadora en un viaje a la playa y en este documental ensayo la realizadora increpa la decisión de los protagonistas de no querer dejar un registro de ellos para la posteridad. Si bien aborda el trabajo documental de una manera tradicional con entrevistas y relatos sobre imágenes es tal la llanura y sinceridad con la cual se expresan los personajes que uno no puede sentir más que admiración por lo resolutos que se muestran ante su decisión que como familia comparten en su mayoría. De todas formas la película se diluye, como todas sus coterráneas, hacia el final, extendiéndose demasiado, pero aún así destaca lejos entre todos los supuestos talentosos de la muestra.

 

Seguían pasando más cortometrajes, pero aunque se mejoró la calidad en general con respecto al primer día, no lograba ver en ellos siquiera un dejo de algo rescatable para señalar en estas líneas hasta que me toca ver nuevamente Aztlan de Carolina Adriazola (tuve la oportunidad de verlo en otro festival tiempo atrás), una película hecha y derecha que no cuadraba por donde se le mirase con todo el resto, pero que con gran mérito era imposible que la dejasen pasar por alto de una sección que lleva el nombre de Talento Nacional.

 

Aztlan narra la historia de una mujer que quiere ser hombre y un hombre que quiere ser mujer. Una relación de amistad que los une en un escape de su soledad, de sus miserias y en el anhelo de lograr sus sueños. Un cortometraje que parece ser un documental en su inicio, pero con el devenir del relato se va estructurando de manera clara en donde su técnica defectuosa resalta el aspecto de ultra realidad y de transparencia con que se muestran sus personajes ante la cámara, literalmente desnudos nos enfrentamos a sus más atroces miserias hasta sus más fútiles deseos en donde nos hacemos parte de su marginalidad y su aislamiento social, pero no con una mirada compasiva, sino que desde el entendimiento logrando así percibir de gran manera la abrumadora humanidad que nos traspasan sus personajes.             

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