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#4

Valparaíso Postal Rock

Debut por Felipe Azúa


 

Dos conceptos previos. 1.-Las diversas transformaciones sociales, tecnológicas y de información entre otras nos han llevado al periodo donde la cultura de lo pintoresco, lo popular y lo feo ha encontrado la mejor recepción entre el público. Aunque no tengo nada contra esto, debo aceptar que esta nueva imposición de la cultura popular es un poco molesta sabiendo que normalmente la fascinación por lo “guachaca”, “under”, “punky” etc, tiene más sentido en razones sociológicas de una clase dominante, esa especie de mirar pa` abajo que nunca me ha caído bien.

2.-El concepto de Postal también se me viene a la mente, aún no se muy bien por qué.

 

Esta nada pertinente introducción me pareció muy pertinente luego de ver Debut.

La ópera prima del crítico Andrés Nazarala desde un comienzo nos muestra a Mose (interpretado por el propio Mose Noe) una especie de bohemio trasnochado y bastante “en escabeche” que está a punto de perder la oportunidad de su vida por haber extraviado el master tape de un posible disco, evento que rememoraría sus mejores años de rockero en la movida under del puerto de Valparaíso. Creo que esta acotada sinopsis deja claro el porque de la introducción y el carácter pintoresco de la cinta (vaya uno a saber si este último es un adjetivo positivo).

 

La idea del personaje paria que tan buenos réditos le ha dado al cine latinoamericano aquí muestra un fiel exponente que no puede sino ser elogiado, ya que sin tener un actor destacable (de hecho a ratos se hace poco carismático, obligación de un paria), sin tener un guión muy logrado y menos una técnica muy depurada, logra atraer e incita para acercarse con gran interés a esta historia mas bien básica. Lamentablemente la película se queda continuamente en este concepto sin querer ser un intento mas honesto o comprometido, se conforma como un ejercicio formal bastante básico que muestra la marginalidad de la movida under y en particular la forma de vida de un músico bastante cliché. En el transcurso del viaje de Mose vemos los barrios del puerto, también rememoramos con él sus pequeños momentos de gloria y recorremos todos los elementos de esa fea postal que también tantos réditos le ha dado a la ciudad y no me refiero al lindo puerto para turistas gringos sino como el meadero de los bares porteños que a la larga también se han convertido en una especie de postal kitsch o mas bien guachaca muy atractiva para algunos.

 

Grabada de manera bastante artesanal y en B/N, mantiene la tensión en ese tratamiento casual y cercano al documental pero lamentablemente cae en malos vicios de lenguaje, ese lenguaje que nos enseñan cuando comenzamos a estudiar cine y que luego nos confiesan que existe sólo para transgredirlo. Constantemente busca la edición y ocupa la mayor cantidad de cambios de vista para cada escena logrando algunos saltos de eje o cambios en el mismo eje que en vez de formar un estilo causan extrañeza por la precariedad de este y lo innecesario de su utilización.

 

A momentos se intenta buscar por otros lados en la creación pero termina metiéndose mas aún en su propio fango, utilizando imágenes muy postales del puerto, con una intención casi lírica que rompen con la idea general de la obra y otros momentos como la trasnochada búsqueda experimental con el fundido, la música rock tipo psicodélica y la cara de un borracho Mose, concepto que en vez de entregar un elemento nuevo al lenguaje termina siendo mas parecido al discurso conservador de una imagen poética del bohemio borracho. Unos pequeños lazos y cruces con el documental y la realidad para la puesta en escena se hacen muy interesantes en la película, como el poder encontrar citas a bandas reales, cameos (por ejemplo Pedro Pavez de Molo) y otros pequeños inolvidables rasgos de unos cuantos falsos documentales sobre bandas de rock.

 

Es un muy buen ejercicio para romper con la hegemonía de los discursos racionales del cine, la constante utilización de los sentimientos, las formulas para la solución de los problemas de una generación y todos esos temas que ya parecen asentarse en nuestra cinematografía. Debut, lamentablemente se queda en un intento, que a ratos distrae muy bien de los y hace olvidar ese otro cine pero, ¿será la distracción lo que necesita un nuevo discurso cinematográfico? 

 


 


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